La medida marca un punto de inflexión: por primera vez, el guanaco ingresa formalmente al circuito comercial en la región con controles sanitarios y trazabilidad, abriendo la puerta a un nuevo nicho dentro del mercado cárnico patagónico.
La habilitación no implica que Chubut pueda producir carne de guanaco. La diferencia es central: la provincia podrá vender el producto, pero no faenarlo. Toda la cadena productiva —captura, procesamiento y habilitación sanitaria— seguirá concentrada en Santa Cruz, donde ya existe un esquema legal y operativo en funcionamiento.
Este cambio permite superar una traba histórica. Hasta ahora, la carne de guanaco quedaba fuera del circuito formal en gran parte de la Patagonia por restricciones regulatorias. Con esta decisión, se consolida un modelo que combina aprovechamiento sustentable con control estatal.
En términos económicos, el producto ya tiene valores de referencia. En Santa Cruz, los cortes generales se comercializan desde los $6.000 por kilo, mientras que la carne picada alcanza los $7.000 en presentaciones de mayor volumen. Se espera que en Chubut los precios se mantengan en una franja similar.
Esto ubica al guanaco en una posición competitiva frente a otras carnes, aunque con un diferencial clave: se trata de un producto asociado a lo natural, lo silvestre y lo patagónico, atributos cada vez más valorados por ciertos segmentos de consumidores.
La llegada de la carne de guanaco no solo abre un mercado, sino también un debate. Por un lado, aparece como una alternativa para diversificar la oferta cárnica y generar nuevas oportunidades económicas en la región. Por otro, plantea interrogantes sobre su aceptación cultural, su escala productiva y su impacto ambiental.
En Santa Cruz, el desarrollo de esta actividad ya venía avanzando como una estrategia de manejo de fauna y generación de valor. Ahora, con la apertura comercial hacia Chubut, ese modelo comienza a expandirse.
La habilitación configura un escenario incipiente pero con potencial. La carne de guanaco deja de ser una rareza para convertirse en un producto con proyección comercial, en una región que busca reinventar su economía en medio de un contexto complejo.
El desafío será doble: consolidar una cadena sustentable y, al mismo tiempo, lograr que el consumidor patagónico incorpore esta carne a su dieta. Si eso ocurre, la Patagonia podría estar frente al nacimiento de un nuevo actor en su histórica matriz productiva.