USHUAIA.- En un clima de fuerte tensión social, marcado por las protestas docentes y de trabajadores estatales en las afueras de la Legislatura, el gobernador Gustavo Melella brindó su discurso de apertura de sesiones. Lo que se esperaba fuera un paquete de medidas para paliar la crisis económica que atraviesa la provincia, terminó siendo una exposición de diagnósticos conocidos y promesas de leyes que, en el corto plazo, no modifican la realidad de los fueguinos.
Mucho ruido, pocas leyes (y ninguna solución)
El eje central del mensaje fue la presentación de una serie de leyes de "transformación", entre ellas la adhesión al RIGI y una nueva Ley de Ministerios. Sin embargo, el mandatario esquivó el tema que más preocupa hoy a la ciudadanía: la pérdida del poder adquisitivo. Mientras la inflación continúa golpeando los salarios públicos, Melella no realizó anuncios de recomposición salarial ni propuso un plan de contingencia para el sector privado.
El discurso se sintió como una huida hacia adelante. Al hablar de un "nuevo rumbo" para la provincia basado en la Ley 19.640 y la industria del conocimiento, el Gobernador pareció ignorar que, en el presente, la gestión provincial enfrenta una parálisis administrativa y un deterioro de los servicios básicos que no se resuelven con marcos regulatorios a diez años.
El gasto público: El gran ausente
A pesar de la insistencia en la "modernización" del Estado, Melella evitó mencionar cualquier intención de achicar el gasto político o revisar la estructura de un Estado provincial que sigue creciendo en personal mientras la eficiencia cae. La "austeridad" fue una palabra que sobrevoló el recinto pero que no encontró correlato en propuestas de reducción de ministerios o eliminación de cargos políticos innecesarios.
En lugar de eso, el mandatario optó por repartir culpas hacia el Gobierno Nacional por el recorte de fondos, una estrategia que, si bien tiene sustento real, ya empieza a sonar agotada ante la falta de una gestión propia que priorice los recursos existentes.
Educación y Salud, en el limbo
Con las escuelas en condiciones críticas y el inicio de clases bajo amenaza, las palabras del Gobernador sobre "mejoras educativas" sonaron desconectadas de la realidad que viven las familias. No hubo precisiones sobre el plan de infraestructura escolar para el invierno ni sobre cómo se piensa resolver el conflicto con el sector docente, más allá de los llamados al diálogo que, hasta ahora, no han dado frutos concretos.
En definitiva, la apertura de sesiones 2025 dejó un sabor amargo. Fue el discurso de un gobierno que parece haber perdido la iniciativa política, que se refugia en proyectos técnicos para no enfrentar la crisis de gestión y que, al cerrar su mensaje, dejó más dudas que certezas sobre cómo se llegará al final de año con una paz social que hoy pende de un hilo.