El dato se traduce en números concretos: 8.000 fueguinos sin empleo, más de 5.000 subocupados y otros 12.000 trabajadores que, aunque tienen un puesto, buscan otro porque lo que cobran no les alcanza. En total, son 25.000 personas con problemas laborales, casi una cuarta parte de la población activa. Si se considera que muchos de ellos son el único sostén o la base del ingreso familiar, se estima que cerca del 55% de la población atraviesa lo que ya se conoce como la situación del “no me alcanza para llegar a fin de mes”.
Mientras tanto, las familias se ven acorraladas por la escalada de tarifas y combustibles. La suba de la luz y el gas golpea especialmente a los hogares de la provincia más austral, donde la calefacción no es un lujo sino una necesidad vital. A esto se suma el incremento del precio de los combustibles, que repercute no solo en el bolsillo de los automovilistas, sino también en el costo del transporte público, de los alimentos y de todos los productos que llegan a la isla.
La consecuencia inmediata es visible: comercios con menos ventas, changuitos cada vez más vacíos en los supermercados y familias que deben ajustar hasta en productos básicos. La caída del poder adquisitivo es tan marcada que cada vez más hogares recurren a tarjetas de crédito para cubrir gastos corrientes o directamente postergan consumos que antes formaban parte de la vida cotidiana.
Según economistas locales, se registra una “doble pinza”: por un lado, menos ingresos por desempleo, subocupación o salarios congelados, y por otro, un costo de vida que no deja de subir. El resultado es una pérdida de calidad de vida, con familias que hoy deben elegir entre pagar un servicio, llenar el tanque de nafta o comprar ciertos alimentos.
La crisis también afecta la percepción sobre el futuro: la inseguridad laboral y los precios que cambian semana a semana generan un clima de incertidumbre que golpea la confianza de los hogares y desalienta cualquier planificación. “No se puede proyectar nada, ni un viaje, ni una compra grande, ni siquiera ahorrar”, sintetizan comerciantes y vecinos.
La provincia que hasta hace poco era sinónimo de trabajo industrial y oportunidades, hoy aparece en los informes como la de mayor desempleo de la región. El círculo vicioso de menos empleo, más inflación y caída del consumo se retroalimenta y amenaza con profundizar aún más la crisis si no aparecen medidas concretas para reactivar la economía y sostener a los sectores más vulnerables.