“El régimen de Tierra del Fuego no es un negocio económico, es una política pública implementada hace más de cincuenta años con un fin muy claro: promover la actividad económica en una zona estratégica del país”, afirmó en FM del Pueblo. En ese sentido, remarcó que cualquier discusión “no puede soslayar la cuestión geopolítica”, ya que, según explicó, el objetivo central es garantizar el arraigo poblacional y la soberanía en el extremo sur.
Vainman también rechazó las evaluaciones que reducen el impacto del régimen a una cuestión fiscal. “Decir que el régimen le cuesta al Estado mil millones es falso. No hay subsidio, es un ingreso renunciado”, señaló, y advirtió que, en caso de eliminarse el esquema actual, “la actividad se va a reducir o va a desaparecer”, por lo que esos recursos no ingresarían igualmente a las arcas públicas.
En otro tramo, se refirió a las críticas sobre el nivel de desarrollo tecnológico de la industria fueguina. “Se habla muchísimo desde el desconocimiento”, sostuvo, e invitó a los organismos internacionales a recorrer las plantas: “Me gustaría muchísimo invitar al Banco Mundial a que vea que lo que sucede en Tierra del Fuego es lo mismo que en Brasil, México o Europa”.
Además, defendió el modelo productivo basado en el ensamblaje, al considerar que forma parte del funcionamiento global de la industria. “Usar el ensamblado como algo peyorativo es desconocer cómo funciona el capitalismo global y cómo se produce hoy”, afirmó, y agregó que grandes marcas internacionales “no prestarían sus nombres si no hubiera valor agregado”.
Finalmente, la titular de AFARTE también puso en duda la selectividad de las críticas. “Sorprende que cuestionen lo que pasa en Tierra del Fuego y no lo que pasa en Brasil, siendo tan similar”, expresó, y sugirió que podría haber “intereses geopolíticos” detrás de esas observaciones, en un contexto de creciente atención internacional sobre el Atlántico Sur.