Lejos de llevar tranquilidad, las explicaciones oficiales confirmaron lo que los usuarios ya empiezan a percibir en la calle: esperar más, pagar más y viajar peor.
Labroca fue claro al describir la situación: el sistema ya no se sostiene con el esquema actual. El aumento del combustible, los salarios y los repuestos —como cubiertas o embragues— empujaron los costos a niveles que el servicio no puede absorber.
Hoy, el dato más contundente es este:
el boleto cubre apenas el 20% del costo real del sistema, mientras que el resto depende del financiamiento estatal.
Sin embargo, ese respaldo también está en crisis. Según explicó el titular de UISE, la caída de subsidios nacionales y la falta de aportes provinciales dejaron a los municipios prácticamente solos para sostener el transporte público.
Mientras se discute un nuevo aumento tarifario —que podría implementarse en el corto plazo—, el ajuste ya impacta directamente en el servicio:
La lógica es simple y preocupante:
no hay recursos para sostener la cantidad actual de colectivos en la calle.
Uno de los datos más reveladores que dejó Labroca es el desfasaje entre el precio real y el que pagan los usuarios.
Según la fórmula oficial de costos del sistema de transporte, el boleto en Ushuaia debería ubicarse por encima de los $4.500. Sin embargo, ese valor es inviable para la mayoría de la población.
Frente a esto, el municipio busca un equilibrio imposible:
subir la tarifa, pero sin que sea impagable.
El resultado es un sistema que no cierra por ningún lado.
El problema no llega en cualquier momento. Se da justo cuando Ushuaia entra en su etapa más crítica:
Solo en cubiertas, UISE ya destinó 78 millones de pesos en un mes, y ni siquiera alcanzó para cubrir toda la flota.
Con nieve, hielo y temperaturas bajo cero, la reducción de frecuencias no es un dato menor:
implica más tiempo de espera en condiciones adversas para los usuarios.
El escenario que se configura combina todos los factores negativos:
Y en el medio de esa ecuación, siempre aparece el mismo actor:
el usuario.
Porque, más allá de las explicaciones técnicas o económicas, el impacto es concreto:
más gasto, peor servicio y mayores dificultades para moverse en la ciudad.
Desde UISE advierten que la situación no es exclusiva de Ushuaia, pero eso no reduce la gravedad local. En distintas ciudades del país ya hay líneas que dejaron de funcionar directamente.
Aquí, por ahora, el sistema se mantiene en pie.
Pero con cada ajuste, con cada aumento y con cada recorte de frecuencia, el margen se achica.