“Estamos frente a una nueva epidemia de problemas de salud mental”, afirmó, al describir un escenario atravesado por la angustia, el miedo y la incertidumbre.
Según explicó en FM Provincia, el factor determinante es la inestabilidad que viven miles de familias: “No saber si mañana tenemos trabajo, si vamos a lograr el sueldo o si vamos a poder poner un plato de comida en nuestra casa” impacta directamente en el equilibrio emocional.
Pero el cuadro es aún más grave. La crisis no solo implica falta de ingresos, sino también una sensación permanente de fragilidad laboral. La posibilidad latente de perder el empleo en cualquier momento —de no saber cuándo puede llegar un despido— profundiza el estrés, la ansiedad y el desgaste psicológico.
“Cada familia pasa por alguna de estas dificultades hoy”, sostuvo la ministra, reflejando el alcance masivo del problema en un contexto donde el desempleo y la precarización avanzan.
A esto se suma un escenario que agrava la situación: la reducción de recursos en áreas esenciales. “La quita de recursos es muy grande”, advirtió Di Giglio, en referencia a salud, educación y seguridad, sectores clave para contener el impacto social.
El sistema sanitario, en paralelo, enfrenta una presión creciente. Aumenta la demanda, especialmente en salud mental, mientras los recursos se vuelven más escasos, generando un círculo crítico difícil de sostener.
Lejos de encuadrar el problema en una discusión política, la funcionaria fue tajante: “No se trata de banderas partidarias”, dijo, al remarcar que la situación afecta de lleno a toda la sociedad.
En este contexto, la combinación de crisis económica, falta de trabajo y la constante incertidumbre sobre el futuro laboral no solo golpea el bolsillo: está dejando huellas profundas en la salud mental colectiva, configurando una emergencia silenciosa que ya se hace visible en cada rincón del sistema de salud.