Río Grande vuelve a encender una señal de alarma en su principal motor económico. Con el cierre del mes, al menos 25 trabajadores de Radio Victoria Fueguina quedarán sin continuidad laboral tras la decisión de la empresa de no renovar sus contratos, en un contexto marcado por la caída de ventas y la acumulación de stock.
Aunque formalmente no se trata de despidos, el impacto social es inmediato: 25 familias que vuelven a quedar a la deriva en medio de un escenario económico que no ofrece respuestas claras.
“La situación genera una incertidumbre enorme, no solo en quienes quedan afuera sino también en los trabajadores efectivos”, advirtió el delegado Pablo Ibáñez, quien además confirmó que la medida forma parte de un proceso más amplio de ajuste dentro de la empresa.
El dato no es aislado. Según detallaron desde el sector, el universo de contratados llegó a superar los 200 trabajadores durante el inicio del año, pero hoy el panorama es muy distinto: más de 100 operarios directamente no fueron incluidos en los planes de producción para el primer semestre.
La preocupación crece porque no hay señales de recuperación. Por el contrario, dentro de las plantas industriales ya se habla de un segundo semestre aún más complicado, con nuevas caídas en la actividad y posible reducción de personal.
A este escenario se suman versiones cada vez más firmes sobre recortes en otras empresas clave del sector como Mirgor, y los anuncios recientes de reducción de puestos en BGH, configurando un cuadro general de deterioro en la industria electrónica fueguina.
Detrás de la crisis aparece una combinación de factores que golpea de lleno al modelo productivo de Tierra del Fuego. Por un lado, la fuerte caída del consumo interno, que reduce la demanda de productos electrónicos en el mercado nacional. Por otro, la apertura de importaciones en rubros como celulares, que introduce una competencia directa con la producción local.
“El grueso de lo que se fabrica acá es para consumo interno. Si no hay consumo, no hay salida para esos productos”, explicó Ibáñez, marcando un punto clave del problema estructural.
La ecuación es directa: menos ventas, menor producción y, en consecuencia, menos empleo.
Lo que ocurre dentro de las plantas ya empieza a trasladarse a la vida cotidiana de la ciudad. Comercios que venden menos, familias que ajustan gastos y una creciente demanda de asistencia social forman parte del efecto dominó que genera la retracción industrial.
Además, la incertidumbre ya no alcanza solo a los trabajadores contratados. El temor comienza a instalarse también entre el personal efectivo, que observa cómo el volumen de producción se reduce y las perspectivas se vuelven cada vez más inciertas.
La situación actual pone nuevamente en debate el esquema productivo fueguino, históricamente ligado al consumo interno y a las políticas de protección industrial.
Sin señales claras de reactivación y con un contexto nacional adverso, la industria electrónica de la provincia enfrenta uno de sus momentos más delicados de los últimos años.
Mientras tanto, en Río Grande la preocupación crece. Porque detrás de cada contrato que no se renueva, hay mucho más que un número: hay familias enteras que vuelven a quedar expuestas en medio de una crisis que no deja de profundizarse.