En un contexto social cada vez más complejo, el especialista en salud y referente municipal, Agustín Pérez, trazó un diagnóstico contundente sobre la realidad de Río Grande: caída del empleo, aumento de la demanda social y un deterioro sostenido de la salud mental que ya venía gestándose desde hace años.
“En los últimos dos años aumentaron exponencialmente los pedidos de asistencia social. Solo en Río Grande se perdieron más de 10 mil puestos de trabajo, y eso impacta directamente en la salud mental”, sostuvo.
Lejos de atribuir el problema únicamente al COVID-19, Pérez fue claro:
“La pandemia fue un detonante, pero el deterioro venía desde antes. Donde hay desigualdad, violencia y sufrimiento, la salud mental siempre empeora”.
En esa línea, advirtió que los indicadores globales son alarmantes y citó proyecciones de la Organización Mundial de la Salud:
“Para 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo”.
Pérez también puso el foco en el clima social y político, al señalar que los discursos violentos tienen consecuencias concretas en la convivencia y en la salud emocional de la población.
“Si desde los gobiernos se promueve el odio o la violencia, eso se replica en la sociedad. No se construye nada desde ese lugar”.
Y agregó:
“Estamos en un mundo cada vez más hostil, con más desigualdades. La salida nunca es individual, siempre es colectiva”.
En este escenario, el Municipio impulsa una fuerte estrategia de formación abierta en salud. Este jueves comienza una capacitación gratuita sobre infancias, adolescencias y salud mental, que ya cuenta con más de 2.000 inscriptos de toda la provincia, incluyendo participantes de Ushuaia, Tolhuin e incluso estudiantes en la Antártida.
Las capacitaciones abarcan temas clave:
“Tenemos que llegar con alto impacto a la comunidad. Si no, no sirve”, afirmó.
Pérez también destacó el trabajo conjunto con la Universidad Nacional de La Plata, con la que el Municipio renovó convenios de cooperación.
Según explicó, el vínculo no se limita a lo académico, sino que incluye desarrollo tecnológico, producción de medicamentos a bajo costo, innovación en energía y formación profesional.
“La universidad pública es clave. No hay lucro, hay conocimiento al servicio de la comunidad”.
El diagnóstico final es contundente: la crisis económica, la pérdida de empleo y el deterioro social están impactando de lleno en la salud mental de la población.
Pero también deja una definición política de fondo:
“Nadie se salva solo. La salida es colectiva, con más comunidad, más Estado y más formación”.
En una provincia atravesada por tensiones económicas y sociales, el mensaje apunta a un eje central: la salud mental dejó de ser un tema secundario y se convirtió en uno de los principales desafíos estructurales de Tierra del Fuego.