La imagen del gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más complejos desde el inicio de la gestión. En un contexto marcado por la profundización de la crisis económica, el deterioro del poder adquisitivo y recientes hechos vinculados a sospechas de coimas, los niveles de rechazo social muestran una tendencia sostenida en alza.
Según un relevamiento de la consultora Zuban Córdoba y Asociados, el 64,5% de los argentinos desaprueba la gestión nacional, mientras que apenas un 34,3% mantiene una valoración positiva. Pero el dato más contundente es otro: el 71,2% de la población considera que hace falta un cambio de Gobierno.
Lejos de tratarse de una fluctuación coyuntural, el informe advierte que estos números consolidan un escenario de desgaste estructural. “No es un salto brusco, es una tendencia que se afirma mes a mes”, señala el estudio, que se basa en 2.000 casos relevados en todo el país con un alto nivel de confianza estadística.
El deterioro de la imagen oficialista no puede leerse aislado del contexto económico. La caída del consumo, la pérdida del salario real y la incertidumbre generalizada impactan de lleno en la percepción social sobre el rumbo del país.
A esto se suman las denuncias e investigaciones vinculadas a presuntos hechos de corrupción dentro del esquema gubernamental, que profundizan la desconfianza y erosionan aún más la credibilidad del Ejecutivo.
El informe también revela que el desgaste no es exclusivo del Presidente, sino que alcanza al conjunto del armado político. Dirigentes clave como Karina Milei y Manuel Adorni superan el 65% de imagen negativa, reflejando un rechazo extendido.
Incluso la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich —quien presenta los números “menos negativos” dentro del oficialismo— registra un 55,5% de imagen desfavorable.
El dato político más delicado para el Gobierno es la consolidación de una mayoría social que expresa la necesidad de un cambio. Sin embargo, el propio estudio advierte una paradoja: esa demanda no se traduce todavía en una alternativa clara.
“La sociedad sabe lo que no quiere, pero aún no define qué quiere”, sintetiza el informe, que describe un escenario de empate de debilidades entre un oficialismo en retroceso y una oposición que no logra consolidar una propuesta competitiva.
La caída en la imagen del Gobierno abre un nuevo capítulo en la dinámica política nacional. Con niveles de desaprobación que históricamente anticipan crisis más profundas, el oficialismo enfrenta el desafío de recuperar iniciativa en un clima social adverso.
Mientras tanto, el sistema político en su conjunto parece moverse en un terreno inestable, donde el malestar crece, pero las respuestas todavía no aparecen con claridad. En ese vacío, el rumbo de la Argentina sigue siendo una incógnita.