El presidente Javier Milei encabezó una nueva reunión de Gabinete en Casa Rosada y volvió a dejar una señal política contundente hacia el interior del oficialismo: el blindaje total a Manuel Adorni, uno de los funcionarios más cuestionados del entorno libertario.
En un contexto marcado por denuncias, sospechas de presuntas dádivas y versiones sobre enriquecimiento ilícito que golpean la credibilidad del gobierno nacional, Milei eligió sostener a su funcionario estrella frente a todos los ministros. Lejos de intentar descomprimir el clima político, el mandatario parece profundizar una defensa cerrada que ya genera ruido incluso dentro de sectores aliados.
La reunión, que se extendió durante más de dos horas y media, estuvo atravesada por definiciones políticas y económicas de cara a lo que resta del año y el inicio del calendario electoral. Según trascendió, Milei habló durante media hora antes de retirarse rumbo a Olivos, dejando luego el control del encuentro en manos del propio Adorni, quien encabezó el resto del cónclave como una demostración explícita de poder interno.
La escena no pasó desapercibida: mientras el gobierno enfrenta un creciente malestar social producto del ajuste, los despidos y la caída del empleo, el Presidente volvió a apostar por el funcionario cuya imagen pública quedó envuelta en polémicas y cuestionamientos que no logran disiparse.
Durante el encuentro también se abordaron los planes de reestructuración del Estado, nuevos retiros voluntarios y desvinculaciones en organismos públicos previstos para fines de mayo. Además, se discutieron proyectos legislativos impulsados por el oficialismo como la denominada Ley Hojarasca, el “Súper RIGI” y modificaciones vinculadas a la Ley de Salud Mental.
La ministra Patricia Bullrich tuvo un rol protagónico dentro de la reunión, mientras que el titular de Diputados, Martín Menem, participó del análisis parlamentario de las iniciativas que el gobierno pretende acelerar en el Congreso.
Sin embargo, detrás de la agenda oficial, lo que terminó dominando la escena fue otra cosa: la decisión de Milei de sostener sin matices a Adorni, incluso cuando el desgaste político comienza a impactar con fuerza sobre la propia imagen presidencial.