Según el Instituto de Estadística porteño, la inflación acumulada en los primeros cuatro meses del año llegó al 11,6%, con una variación interanual del 32,4%. Sin embargo, detrás de estos números se profundiza una realidad social que se expresa en los hogares: la frase “no llego a fin de mes” se vuelve cada vez más frecuente.
El dato clave no es solo la desaceleración inflacionaria, sino el contexto en el que ocurre. La pérdida del poder de compra, el ajuste del gasto familiar y la retracción del consumo interno comienzan a impactar de manera directa en los precios, generando una moderación en algunos rubros.
De hecho, el propio informe oficial señala que el alza mensual estuvo impulsada principalmente por Transporte, Vivienda y Alimentos, sectores que explicaron más del 70% del incremento general. Aun así, dentro de ese esquema, se observa una menor capacidad de consumo en bienes básicos, con subas moderadas e incluso bajas puntuales en algunos productos.
En Alimentos y bebidas, por ejemplo, el incremento fue del 1,4%, una cifra contenida por la caída en frutas, en un escenario donde las familias ajustan compras y priorizan lo esencial.
El Transporte lideró los aumentos con un 5,4%, impulsado por combustibles y pasajes, mientras que Vivienda subió 2,2%, aunque con cierto alivio por la baja del gas natural por red.
En este contexto, analistas y proyecciones económicas anticipan que la tendencia de desaceleración inflacionaria podría profundizarse a nivel nacional cuando el INDEC difunda los datos de abril en los próximos días. Sin embargo, advierten que este proceso no responde necesariamente a una mejora estructural, sino a una contracción del consumo.
La economía cotidiana lo refleja con claridad: menos compras, mayor ajuste en los hogares y un escenario donde la inflación baja, pero el bolsillo no mejora.