El tradicional Tedeum por el 25 de Mayo volvió a convertirse en mucho más que una ceremonia religiosa. En medio de la creciente tensión política y social que atraviesa la Argentina, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, utilizó la homilía frente al presidente Javier Milei y toda la cúpula del Gobierno nacional para lanzar un fuerte mensaje contra la polarización, el odio y la fractura social.
“Nadie se salva solo”, repitió García Cuerva retomando una de las frases más emblemáticas del papa Francisco, en un discurso cargado de definiciones políticas y sociales que resonaron con fuerza dentro de la Catedral Metropolitana.
El mensaje llegó además en un contexto particularmente sensible: el Gobierno atraviesa semanas de creciente tensión interna, desgaste político y profundización del conflicto social derivado del ajuste económico.
Frente a la primera fila del oficialismo, donde se ubicaron Milei, Karina Milei y el jefe de Gabinete Manuel Adorni junto al resto del gabinete nacional, García Cuerva llamó a recuperar el diálogo y cuestionó directamente los discursos que profundizan el enfrentamiento permanente.
“Basta de arengar la división y la polarización”, sostuvo el arzobispo, advirtiendo además sobre una “nube de desmembramiento social” que comienza a instalarse sobre el país.
La frase cayó con enorme peso político dentro de una administración que ha hecho de la confrontación discursiva uno de los ejes centrales de su construcción política.
El arzobispo insistió en que el individualismo “rompe los vínculos de fraternidad” y termina transformando al país en una simple suma de personas donde cada uno piensa únicamente en sí mismo.
La homilía también estuvo cargada de reclamos hacia toda la dirigencia argentina.
García Cuerva sostuvo que el país necesita “una clase dirigente que se anime al diálogo, al encuentro y a la reconciliación”, especialmente pensando “en los que no pueden más”.
En otro de los pasajes más fuertes del discurso, cuestionó el clima de agresividad permanente en redes sociales y habló de “terrorismo digital” ejercido por quienes utilizan plataformas para descalificar, difamar y alimentar el odio.
La referencia volvió a interpretarse como una crítica indirecta a sectores del oficialismo y al estilo confrontativo que domina gran parte del debate político actual.
Pero además del mensaje de la Iglesia, el Tedeum dejó otra imagen política imposible de ignorar: la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Villarruel no participó de la ceremonia luego de que trascendiera que Presidencia de la Nación no le cursó invitación formal para asistir al acto oficial.
La situación terminó profundizando aún más la crisis interna dentro del oficialismo y dejó expuesta la ruptura política entre Milei y su vice, una tensión que ya aparece prácticamente irreversible dentro del esquema libertario.
En la Catedral, la ausencia se sintió políticamente tanto como las palabras del arzobispo.
El Tedeum de este 25 de Mayo quedó así marcado por un fuerte tono de advertencia institucional en medio de un país atravesado por el ajuste económico, la caída del consumo, el deterioro social y una dirigencia cada vez más enfrentada.
García Cuerva intentó colocar en el centro del debate conceptos como consenso, bien común, amistad social y esperanza, en contraposición a un clima político dominado por la confrontación permanente.
Mientras Milei escuchaba en silencio desde la primera fila, el mensaje de la Iglesia pareció apuntar directamente al corazón del momento político argentino: una sociedad cada vez más fragmentada, golpeada económicamente y atravesada por una creciente tensión social que empieza a reflejarse en todos los niveles de la vida pública.