Taty Almeida, cuyo nombre completo era Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, se encontraba internada desde hacía varios días en el Hospital Italiano de Buenos Aires. La noticia fue confirmada por sus familiares y por integrantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, organización que encabezó durante los últimos años.
Su historia quedó marcada para siempre por la desaparición de su hijo Alejandro Martín Almeida, secuestrado en junio de 1975 cuando tenía apenas 20 años. Alejandro estudiaba Medicina, trabajaba en la agencia Télam y militaba políticamente. Su desaparición llevó a Taty a emprender un camino de búsqueda que terminaría convirtiéndola en una de las principales referentes de los derechos humanos del país.
Lo que comenzó como el dolor de una madre terminó transformándose en una lucha colectiva que atravesó generaciones. En 1979 se incorporó a Madres de Plaza de Mayo y, tras la división de la organización en 1986, pasó a integrar la Línea Fundadora, desde donde sostuvo durante décadas el reclamo por los desaparecidos y la defensa de las políticas de memoria.
Con el paso de los años, Taty se convirtió en una voz respetada y escuchada más allá de las diferencias políticas. Su compromiso permanente con la búsqueda de verdad y justicia la llevó a participar de innumerables actos, conferencias, encuentros educativos y actividades vinculadas a los derechos humanos.
Desde Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora expresaron un emotivo mensaje tras conocerse su fallecimiento. “Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”, señalaron en un comunicado.
La organización también destacó su capacidad para acercarse a las nuevas generaciones y transmitir la importancia de mantener viva la memoria colectiva. “Nos enseñaste que la lucha también puede abrazarse con alegría”, afirmaron.
A lo largo de su vida, Taty Almeida recibió numerosos reconocimientos por su trayectoria. En 2015 su retrato fue incorporado a la muestra permanente del Museo de la Casa Rosada, como homenaje a su papel en la construcción de la memoria democrática argentina.
Con su fallecimiento desaparece una de las últimas grandes referentes de una generación de mujeres que convirtió el dolor en una causa colectiva y logró instalar en la sociedad argentina la defensa permanente de los derechos humanos. Su figura quedará asociada para siempre a los pañuelos blancos, las rondas en Plaza de Mayo y la lucha incansable por conocer el destino de los desaparecidos.
Taty Almeida tenía 95 años. Su legado, construido durante casi cinco décadas de militancia, seguirá presente en cada reclamo por memoria, verdad y justicia.