En este contexto, los conglomerados de Ushuaia y Río Grande se ubican entre los centros urbanos con mayores niveles de desocupación de la Patagonia, solo por detrás de Río Gallegos en algunos indicadores. El dato consolida una tendencia que viene profundizándose desde 2025, cuando la región ya mostraba una tasa del 6,6%, una de las más altas del sur argentino.
Pero los números más duros no están solo en el desempleo abierto.
El dato más alarmante es el crecimiento de la informalidad laboral, que ya alcanza el 44,2% a nivel nacional, según estimaciones basadas en relevamientos del INDEC. A esto se suma una subocupación del 11,1%, lo que refleja que miles de trabajadores tienen empleo, pero no logran completar las horas necesarias para sostener sus ingresos.
En paralelo, crece con fuerza el universo de los llamados “ocupados demandantes”: personas que, pese a tener trabajo, buscan activamente otro empleo por insuficiencia salarial.
En Tierra del Fuego, el mercado laboral comenzó a mostrar un cambio estructural cada vez más visible: el pluriempleo.
Trabajadores de la industria, empleados estatales, comerciantes y profesionales recurren a segundas y terceras fuentes de ingreso para poder llegar a fin de mes. Uber, aplicaciones de transporte, ventas online, trabajos temporales y changas se volvieron parte de una nueva normalidad económica.
El concepto que empieza a imponerse es claro: ya no alcanza con tener trabajo.
La situación fueguina tiene un condimento adicional: su alta dependencia del empleo industrial. En este sentido, la incertidumbre generada por la política económica nacional, la apertura de importaciones, la reducción de aranceles y las dudas sobre el régimen de promoción industrial impactan directamente en las expectativas del sector productivo.
El resultado es un escenario de cautela empresaria, menor inversión y freno en la creación de nuevos puestos de trabajo.
Más allá de la tasa de desempleo, los indicadores muestran una fotografía más amplia y compleja del mundo del trabajo en Tierra del Fuego:
En la práctica, el mercado laboral fueguino atraviesa una transformación silenciosa pero profunda: más personas trabajan, pero cada vez más no logran sostener su nivel de vida con un solo ingreso.
En ese marco, el desempleo deja de ser el único termómetro. La verdadera discusión pasa por la calidad del empleo, el ingreso real y la capacidad de los hogares para sostener su economía cotidiana.
En Tierra del Fuego, los números empiezan a confirmar lo que ya se percibe en la calle: el trabajo existe, pero cada vez rinde menos.