La llegada de Adrián Ravier a la vocería presidencial buscó marcar una nueva etapa en la comunicación del Gobierno tras la salida de Manuel Adorni. Sin embargo, lejos de descomprimir el clima político, sus primeras intervenciones ante la prensa quedaron atravesadas por declaraciones que rápidamente despertaron cuestionamientos.
Su debut ya había generado una fuerte repercusión cuando, al justificar el incremento de las tarifas de gas en pleno invierno, sostuvo que quienes no pudieran afrontar los nuevos valores tendrían que "abrigarse más". La frase fue interpretada por amplios sectores como una muestra de insensibilidad frente a un contexto en el que miles de hogares deben elegir entre pagar los servicios o resignar otros gastos esenciales.
Lejos de bajar el tono de la polémica, su segundo contacto con los periodistas volvió a dejar frases que alimentaron las críticas.
Consultado por el crecimiento de la morosidad y el fuerte endeudamiento de las familias argentinas, Ravier sostuvo que el problema responde a una falta de educación financiera.
Según explicó, los ciudadanos deben "aprender a tomar créditos" y evitar utilizar la tarjeta de crédito hasta su límite, al tiempo que señaló que también los bancos deben mejorar la evaluación de la capacidad de pago de quienes solicitan financiamiento.
Las declaraciones llegan en un momento particularmente delicado para la economía doméstica. En los últimos meses crecieron los indicadores de mora en tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos bancarios, mientras numerosos estudios muestran que cada vez más familias utilizan el financiamiento para comprar alimentos, medicamentos o afrontar gastos cotidianos, y no para realizar consumos extraordinarios.
Durante la misma conferencia, Ravier intentó además bajar el impacto de las declaraciones de Javier Milei sobre Margaret Thatcher.
El vocero aseguró que el Presidente fue "sacado de contexto" y que su admiración no está dirigida hacia la figura política de la ex primera ministra británica sino hacia el programa económico que impulsó durante su gestión.
La explicación tampoco logró cerrar la discusión y volvió a instalar una polémica especialmente sensible en un país donde la Guerra de Malvinas continúa ocupando un lugar central en la memoria colectiva.
La misión de Ravier era renovar la imagen del Gobierno después del desgaste que dejó Manuel Adorni. Sin embargo, sus dos primeras conferencias terminaron instalando nuevos focos de conflicto.
Primero recomendó soportar el frío frente al aumento de las tarifas. Ahora sugirió que el crecimiento del endeudamiento responde a que los argentinos no saben utilizar el crédito, mientras intentaba explicar los dichos del Presidente sobre Thatcher.
En un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo, el aumento del costo de vida y el crecimiento de la morosidad, las primeras apariciones del nuevo vocero parecen haber profundizado una percepción que se repite entre distintos sectores de la sociedad: que la comunicación oficial dedica más esfuerzo a justificar las decisiones del Gobierno que a reconocer las dificultades que enfrentan millones de argentinos todos los días.