En declaraciones a FM La Isla, Noval sostuvo que numerosas constructoras tuvieron que reducir su estructura, cambiar de actividad o cerrar definitivamente, mientras que otras conservan apenas una dotación mínima de trabajadores para intentar mantenerse operativas.
“Varias empresas tuvieron que reestructurarse y muchos empresarios de firmas medianas y pequeñas se vieron obligados a reinventarse por la falta de obra pública”, explicó.
El referente empresarial señaló que la crisis se profundizó especialmente en Río Grande debido a que la ciudad no cuenta con el mismo movimiento de construcción privada que Ushuaia, donde todavía pueden observarse desarrollos inmobiliarios y edificios en ejecución.
“En Ushuaia el problema se disimula un poco por la inversión privada, pero en Río Grande se siente mucho más”, afirmó Noval.
La provincia mantuvo durante años un importante ritmo de ejecución de viviendas, hospitales, escuelas y proyectos de infraestructura. Sin embargo, durante los últimos tres años esa actividad comenzó a disminuir hasta quedar prácticamente paralizada.
Según explicó, todavía existen obras iniciadas durante 2021 y 2022 que avanzan con extrema lentitud. Entre ellas mencionó proyectos habitacionales y los hospitales de Río Grande y Ushuaia, cuyos compromisos contractuales deben completarse pese a la interrupción del financiamiento nacional.
La falta de fondos provenientes de Nación obligó al Gobierno provincial a buscar recursos propios, créditos o nuevas fuentes de financiamiento para continuar los trabajos.
Noval detalló que algunas empresas comenzaron a desarrollar proyectos inmobiliarios propios, mientras otras se volcaron hacia el turismo, la hotelería, el comercio o emprendimientos completamente alejados de la construcción.
También existen compañías que redujeron considerablemente su personal y aceptan pequeñas obras, ampliaciones o reparaciones domiciliarias para conservar una estructura mínima.
“El personal es el mayor capital que tiene una empresa, pero cuando no hay trabajo llega un momento en el que no hay forma de sostenerlo”, remarcó.
A este panorama se suma la dificultad para acceder al crédito. Las tasas de interés convierten al financiamiento bancario en una alternativa prácticamente imposible para las constructoras que buscan sostener su actividad.
“Hay empresas que recurrieron a entidades financieras para continuar, pero después el crédito termina siendo un collar muy difícil de sacar”, expresó.
La paralización también provocó una fuerte disminución en la llegada de trabajadores temporarios, conocidos dentro del sector como trabajadores golondrina. Históricamente arribaban a Tierra del Fuego durante septiembre y octubre para participar de la temporada de construcción.
La falta de oportunidades hizo que muchos cambiaran su destino y comenzaran a trasladarse hacia Neuquén, impulsados por la actividad vinculada a los hidrocarburos y Vaca Muerta.
“Hoy el trabajador mira más a Neuquén que a Tierra del Fuego”, afirmó el titular de la Cámara de la Construcción.
Noval explicó que la Patagonia norte concentra actualmente importantes inversiones en infraestructura, caminos, viviendas y servicios asociados a la industria energética. Esta situación también genera un éxodo de contratistas y obreros desde otras provincias patagónicas.
El empresario indicó que la Cámara mantiene contacto con el Gobierno provincial y los municipios, aunque reconoció que las posibilidades de reactivación son limitadas.
Durante una conversación reciente con autoridades provinciales, recibió detalles sobre los proyectos que continúan en marcha y las gestiones realizadas para conseguir financiamiento alternativo.
Sin embargo, aseguró que “las inversiones son mínimas” y no alcanzan para recuperar la escala de actividad que históricamente tuvo Tierra del Fuego.
“La provincia necesita mucha infraestructura y eso requiere inversiones grandes. Los fondos que se consiguen están destinados a obras menores que son importantes, pero no logran levantar la demanda”, manifestó.
Noval también relacionó la falta de obras con los problemas que atraviesan los servicios públicos. Recordó que las ciudades crecieron durante los últimos años, pero la infraestructura energética, sanitaria y urbana no acompañó ese desarrollo.
“Tierra del Fuego necesita obras porque es una provincia que sigue creciendo. La infraestructura tiene que acompañar ese crecimiento”, remarcó.
El presidente de la Cámara aseguró que la preocupación entre los empresarios es cada vez mayor y que no existen señales claras de recuperación para los próximos meses.
Aunque existen líneas de crédito destinadas a la autoconstrucción, ampliaciones y compra de viviendas, consideró que esas herramientas no alcanzan para devolverle al sector el movimiento que tuvo durante otros períodos.
“Antes teníamos otra escala de construcción. No era una casualidad: la provincia necesitaba esas obras y las sigue necesitando”, sostuvo.
Para Noval, el Estado nacional deberá revisar en algún momento su decisión de abandonar la inversión pública, ya que existen proyectos que difícilmente puedan ser ejecutados exclusivamente por privados.
“Una empresa privada normalmente no construye una escuela, un centro de salud o un hospital. Esas obras las tiene que hacer el Estado y eso es lo que está faltando”, afirmó.
La crisis no afecta solamente a las constructoras. También repercute sobre corralones, proveedores, transportistas, comercios y cientos de familias que dependen directa o indirectamente de la actividad.
Mientras las empresas buscan alternativas para sobrevivir y los trabajadores se trasladan hacia otras provincias, la construcción fueguina permanece prácticamente paralizada, sin inversiones suficientes y con un futuro cargado de incertidumbre.