RÍO GRANDE.- La expansión de las plataformas digitales modificó la forma en que muchas personas acceden al crédito y redujo las barreras de ingreso que históricamente impusieron las entidades bancarias. Pero esa facilidad también puede convertirse en un problema cuando el préstamo deja de utilizarse para una necesidad puntual y pasa a sostener los gastos habituales del hogar.
Ante este panorama, el abogado riograndense Martín Luft analizó esta situación en declaraciones a La 97 Radio Fueguina y señaló que las publicaciones recientes ubican la morosidad en torno al 14%, un nivel que consideró elevado desde el punto de vista financiero.
Según explicó, una diferencia importante entre las plataformas no bancarias y los bancos tradicionales está relacionada con los requisitos para acceder al financiamiento. Mientras las entidades bancarias suelen solicitar recibos de sueldo y garantías, las aplicaciones pueden otorgar créditos con menos controles.
A esto se suma el costo financiero. Luft advirtió que estas plataformas ofrecen créditos con intereses más elevados y que una parte de los usuarios está destinando el dinero a gastos corrientes, entre ellos el pago del alquiler y la compra de alimentos.
Cuando los ingresos ya no alcanzan para cubrir las obligaciones, la situación puede derivar en una acumulación progresiva de deuda. El abogado describió ese proceso como una "bola de nieve" que termina llevando a algunas personas a una situación en la que ya no pueden afrontar los compromisos asumidos.
Qué ocurre cuando aparece la mora
Desde el punto de vista jurídico, Luft explicó que la mora se produce automáticamente cuando vence la obligación y el pago no se realiza.
A partir de ese momento pueden comenzar a aplicarse distintos conceptos sobre el saldo adeudado. Los intereses compensatorios corresponden al costo financiero del crédito, mientras que los moratorios se aplican por el retraso en el cumplimiento. También pueden existir intereses punitorios establecidos en las condiciones contractuales.
La acumulación de estos conceptos puede incrementar considerablemente el monto original de la deuda y dificultar todavía más su cancelación.
El escenario puede agravarse cuando una persona intenta resolver una obligación tomando otro préstamo. Luft señaló que recurrir a un nuevo crédito para cancelar deudas anteriores es una práctica habitual y que incluso puede ofrecerse un préstamo bancario para reemplazar una deuda por otra.
Sin embargo, advirtió que la estrategia no resuelve el problema si el nuevo compromiso tampoco puede ser afrontado. Para el abogado, la cuestión de fondo aparece cuando el endeudamiento se utiliza para financiar gastos que deberían cubrirse con los ingresos habituales.
Cuándo puede intervenir la Justicia
La existencia de una deuda no significa que el acreedor pueda embargar inmediatamente los bienes o ingresos del deudor. Para llegar a esa instancia debe existir una acción judicial y la correspondiente intervención de un juez.
Luft explicó que las empresas de cobranza pueden comunicarse con los deudores y reclamar el pago, pero cuestionó las amenazas que anticipan embargos inmediatos o medidas contra familiares.
El panorama cambia cuando el acreedor inicia una causa y obtiene una resolución judicial. En ese caso, el embargo puede alcanzar cuentas bancarias o ingresos, según las circunstancias y las características de la deuda.
El abogado también señaló que las plataformas digitales no siempre cuentan con las mismas herramientas de cobro que una entidad bancaria, aunque eso no significa que una obligación pueda desaparecer por el solo hecho de haber sido contraída mediante una aplicación.
El endeudamiento que empieza en el consumo
Uno de los aspectos que más preocupa es el destino del dinero obtenido. Para Luft, utilizar crédito para afrontar gastos extraordinarios puede ser una herramienta financiera, pero hacerlo de manera permanente para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir el alquiler revela un problema mucho más profundo.
La situación puede generar un circuito en el que una familia solicita un préstamo para cubrir una necesidad inmediata, luego necesita otro para cancelar el primero y finalmente acumula intereses y nuevas cuotas que reducen todavía más su capacidad de pago.
El impacto tampoco queda limitado a quien tomó el crédito. Según explicó Luft, cuando aumenta la morosidad también puede incrementarse el costo general del financiamiento, debido a que las entidades buscan compensar las pérdidas provocadas por los incumplimientos.
La deuda también se oculta en la familia
El abogado sostuvo que el endeudamiento suele permanecer dentro del ámbito privado y que muchas personas evitan hablar del problema hasta que la situación alcanza un punto crítico.
Esa demora puede dificultar la búsqueda de alternativas y permitir que se acumulen nuevas obligaciones.
Por eso, recomendó no ignorar las comunicaciones de los acreedores y buscar una solución antes de que el conflicto llegue a una instancia judicial. Cuando ya existe una causa y un título de crédito válido para reclamar, las posibilidades de obtener una solución sin afrontar la obligación se reducen considerablemente.
El problema, concluyó Luft, aparece precisamente cuando una persona llega a esa instancia sin capacidad económica para pagar. En ese punto, la discusión deja de ser solamente financiera y pasa a convertirse también en un problema familiar y jurídico.