sábado 15 de agosto de 2026 - Edición Nº2810

Generales | 15 ago 2026

La vergüenza de tener que pedir ayuda:

Familias de Río Grande que ya no pueden sostenerse solas

13:20 |La crisis económica y laboral está dejando una marca cada vez más profunda en los barrios de Río Grande. Familias que hasta hace poco podían mantenerse con sus propios ingresos hoy recurren a la Iglesia, Cáritas, comedores y ferias solidarias para conseguir alimentos, ropa o simplemente una ayuda que les permita atravesar el mes.


El padre Iván Bressan, párroco de la Iglesia Sagrada Familia del barrio Intevu, describió en FM La Isla una realidad que observa diariamente desde su contacto directo con los vecinos. Según señaló, la necesidad creció de manera considerable y cada vez son más las personas que llegan buscando asistencia.

“La gente que vivía de changuitas ya la tiene muy difícil”, expresó el sacerdote, al señalar que no solamente escasea el empleo formal, sino también aquellos trabajos informales que durante años sirvieron como una salida para muchas familias.

Bressan sostuvo que el deterioro también puede verse en los comercios de la ciudad, donde los propios comerciantes manifiestan una fuerte caída de las ventas. Pero la situación más preocupante aparece puertas adentro de los hogares.

“Hay personas que no llegan para la luz, el gas, el alquiler o que están al borde de quedar en la calle”, relató.

Uno de los cambios que más llamó la atención del párroco es el perfil de quienes actualmente solicitan ayuda. Entre las nuevas familias asistidas aparecen trabajadores que hasta hace poco tenían empleo en fábricas y nunca habían necesitado recurrir a la asistencia social.

“Pasaron de estar en una clase media o media baja a tener que pedir una asistencia”, señaló Bressan, quien fue todavía más contundente al describir el escenario: “Nos están llevando prácticamente a una indigencia, porque no llegás ni a cubrir los servicios”.

El difícil momento de pedir por primera vez

El sacerdote contó que en la parroquia pueden identificar rápidamente a quienes atraviesan por primera vez una situación de este tipo. Muchas veces son vecinos conocidos, personas que participan de las actividades religiosas o familias cuya situación económica era completamente diferente tiempo atrás.

“Nadie quisiera tener que pedir. A veces se nota en el rostro, en la mirada, como una especie de vergüenza”, explicó.

La parroquia realiza además ferias de ropa a precios muy económicos y utiliza parte de lo recaudado para comprar alimentos destinados a las asistencias. Allí también aparece una señal clara de la crisis.

Bressan indicó que personas que años atrás probablemente nunca hubieran recurrido a una feria de Cáritas hoy llegan buscando ropa económica, mientras que otras familias solicitan módulos alimentarios de apenas diez productos.

Para el sacerdote, esa situación refleja que la pobreza está alcanzando a sectores que anteriormente podían sostenerse con sus propios recursos.

Más comedores y ferias, una señal preocupante

La Iglesia Sagrada Familia mantiene vínculos con distintos comedores comunitarios de Río Grande y colabora cuando cuenta con alimentos o donaciones disponibles.

Bressan valoró la existencia de una red solidaria integrada por iglesias, organizaciones, comedores, roperos comunitarios y vecinos particulares, aunque advirtió que el crecimiento de esos espacios también constituye una señal negativa.

“Cuando crecen los comedores y la ayuda, es mal signo”, sostuvo.

Algo similar sucede con la aparición de más feriantes y espacios de intercambio. Según explicó, muchas personas buscan alternativas para conseguir ingresos ante la imposibilidad de encontrar un empleo estable.

“El número de feriantes también crece porque el trabajo formal ha caído muchísimo. La gente busca la manera de ganarse el pan de cada día”, afirmó.

“Unos poquitos beneficiados y el resto empobreciéndose”

Bressan también realizó una fuerte reflexión sobre la responsabilidad de la dirigencia política y sostuvo que el deterioro social argentino lleva décadas.

“Hace años que venimos en caída y ninguno de los dirigentes que hemos tenido ha podido estar a la altura. Al final son unos poquitos beneficiados y el resto de la población se sigue empobreciendo”, manifestó.

El párroco aclaró que su planteo no responde a una cuestión partidaria o ideológica, sino a una mirada sobre las últimas décadas del país.

En ese sentido, consideró que la Argentina mantiene una deuda histórica en materia de equidad, oportunidades y calidad de vida, y reclamó que los recursos sean utilizados pensando en el bien común.

“Hay que buscar que todos puedan tener lo necesario para vivir dignamente”, sostuvo.

El trabajo como herramienta para vivir con dignidad

Frente a un escenario de pérdida de puestos laborales y crecimiento de la asistencia social, Bressan planteó que la salida debe estar vinculada con la generación de empleo.

Pidió que quienes cuentan con recursos económicos prioricen inversiones capaces de generar trabajo, en lugar de pensar exclusivamente en la rentabilidad financiera.

“No meter solamente la plata en la bolsa de valores, sino generar trabajo, invertir o darle la posibilidad a alguien que pueda hacerlo”, expresó.

Desde su tarea cotidiana en el barrio Intevu, el sacerdote dejó una imagen que resume el momento que atraviesan numerosos hogares de Río Grande: personas que trabajaron durante años, sostuvieron a sus familias y nunca necesitaron ayuda hoy llegan a una parroquia intentando superar la vergüenza de tener que pedir alimentos, ropa o asistencia para no quedar en la calle.

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