Durante una entrevista por FM Del Pueblo, Schreiber sostuvo que la caída del consumo no responde solamente a un cambio en la forma de comprar, sino a una reducción real en las cantidades que llevan las familias.
“Lo que sigue habiendo es una caída brutal del consumo en estos últimos dos años y medio, que además no cesa. Es una pendiente que sigue en caída”, planteó al analizar la situación que atraviesa el comercio.
Uno de los ejemplos más contundentes aparece en la venta de carne vacuna. Schreiber explicó que años atrás una carnicería de barrio podía trabajar normalmente con tres medias reses por semana, mientras que en períodos de mayor movimiento, como fechas especiales o semanas cercanas al cobro de salarios, la cantidad podía subir a cuatro o incluso cinco.
“Hoy estamos bajando una”, señaló, dejando en evidencia el fuerte retroceso de las ventas.
Según explicó, el consumidor no necesariamente dejó por completo de comprar carne, pero redujo considerablemente la cantidad y la frecuencia. Cortes que antes tenían salida habitual ahora permanecen mucho más tiempo sin venderse.
“Aquel que venía y decía ‘guardame el lomo, el fin de semana lo vengo a buscar’, hoy no aparece. Y si aparece, aparece cada 30 días”, ejemplificó.
Ante el elevado valor de la carne vacuna, muchas familias comenzaron a reemplazarla por opciones más económicas. Schreiber indicó que creció considerablemente la venta de carne de cerdo porque puede costar menos de la mitad.
Como referencia, mencionó que una costeleta de novillo puede encontrarse entre 20.000 y 24.000 pesos por kilo, mientras que una costeleta de cerdo ronda los 9.000 pesos.
“Estamos comprando más carne de cerdo y vendiendo más carne de cerdo porque vale la mitad de precio”, explicó.
Esta modificación en los hábitos de consumo también tiene consecuencias directas sobre la recaudación de los comercios. Schreiber señaló que antes podía venderse un kilo de carne vacuna por más de 20.000 pesos, mientras que ahora ese mismo cliente compra un producto de aproximadamente 9.000 u 11.000 pesos.
“La caja es casi la mitad”, aseguró.
El comerciante remarcó que la reducción del gasto también alcanza a los productos que históricamente acompañaban la compra principal.
Antes, quien iba por un asado también llevaba chorizos, pan, verduras y otros alimentos, mientras que actualmente las familias ajustan prácticamente todos los componentes de la compra.
“La gente no deja de consumir, consume mucho menos”, resumió Schreiber.
Para el referente comercial, el problema se profundiza porque mientras las ventas y los ingresos caen, los costos para mantener abiertos los negocios continúan aumentando.
La combinación de un menor volumen de ventas, la migración hacia productos más económicos y la pérdida de las compras complementarias está provocando que los comercios barriales trabajen con una caja cada vez más reducida, en un escenario donde todavía no aparecen señales claras de recuperación del consumo.