La inspección realizada el 25 de agosto en un comercio ubicado en Viedma 395 dejó asentadas distintas observaciones vinculadas principalmente con la habilitación comercial, ya que el rubro declarado no coincidía con la actividad que se desarrollaba en el lugar ni con la cartelería exhibida.
Lejos de una clausura o de una multa inmediata, el procedimiento derivó en una notificación para regularizar la habilitación, ampliar el rubro declarado y corregir la ubicación de los matafuegos, otorgándose un plazo de 24 horas para avanzar con los trámites correspondientes.
Además, el propio acta deja constancia de que el comercio presentaba buenas condiciones de higiene, matafuego vigente y salida de emergencia liberada y señalizada.
El episodio deja una pregunta que excede el procedimiento municipal: ¿cuánto hay de denuncia genuina y cuánto de estrategia para generar exposición en redes?
La publicación difundida desde las cuentas vinculadas al comercio apeló a una fuerte carga emocional, acusaciones de persecución y un tono confrontativo que rápidamente generó comentarios, insultos y repercusión.
Ese mecanismo no es nuevo en las redes: una situación administrativa menor puede transformarse en contenido viral cuando se la presenta como un conflicto de grandes dimensiones.
Y en este caso existe otro dato que merece atención: las cuentas utilizadas para promocionar comercios recurren habitualmente a contenidos polémicos como herramienta para generar interacción y aumentar el alcance.
Por eso, antes de hablar de “persecución”, “amenazas” o “clausuras”, quizás convenga hacer algo mucho más sencillo: leer el acta y contrastar la versión viral con los hechos documentados.
Porque en tiempos de redes sociales, no todo lo que se viraliza es necesariamente verdad.