Por FM Provincia, Schiavini explicó que el problema viene mostrando una evolución preocupante y que actualmente los perros no solamente atacan ovejas o fauna silvestre, sino que también comenzaron a perseguir, lastimar y acosar ganado bovino.
“Están atacando a las vacas, las corretean y las garronean”, describió el especialista, quien explicó que los ataques también generan consecuencias indirectas sobre la producción, debido a que los animales pueden romper alambrados, escapar hacia otros establecimientos y alterar todo el manejo reproductivo de las estancias.
En ese sentido, señaló que los grupos de perros son cada vez más numerosos y esa situación les permite animarse a atacar animales de mayor tamaño, algo que, según indicó, era mucho menos frecuente hace cinco o diez años.
“Eso ya hace que exista la posibilidad de que la ganadería en Tierra del Fuego sea directamente inviable, en el ecotono por lo menos”, advirtió Schiavini.
El investigador aclaró además que los perros asilvestrados no se comportan de la misma manera que los lobos. Explicó que se trata de animales domésticos que, al quedar sin contacto con los seres humanos, deben conseguir alimento utilizando las herramientas que conservan producto de miles de años de domesticación.
Según detalló, los perros pueden perseguir animales aunque no tengan hambre, debido a que responden al movimiento de las presas y posteriormente pueden aprovechar los cadáveres como fuente de alimento.
“Los atacan porque corren. En las fotografías que tenemos en las cámaras trampa son todos perros lozanos, no hay perros raquíticos ni animales pasando hambre; son perros de 25 a 30 kilos”, señaló.
Schiavini indicó que el CADIC viene desarrollando un trabajo junto al Gobierno provincial y productores rurales mediante la colocación de cámaras trampa en distintas estancias, desde la costa hasta sectores próximos al límite con Chile.
Los primeros resultados encendieron nuevas señales de alarma. Las imágenes muestran grupos grandes de perros desplazándose prácticamente por todo el ecotono fueguino.
“Hay nacimiento en silvestría, esos grupos son grandes, se animan cada vez a más cosas”, explicó, y sostuvo que esto demuestra que algunas poblaciones ya pueden mantenerse y reproducirse sin depender directamente de los centros urbanos.
El especialista también confirmó la presencia de perros en Península Mitre, aunque aclaró que todavía no existe información suficiente para establecer con precisión la magnitud del fenómeno en ese sector.
Para Schiavini, el escenario requiere especial atención porque Tierra del Fuego está frente a un depredador generalista, carroñero, de gran tamaño y capaz de agruparse en números importantes, una combinación que genera riesgos tanto para la fauna nativa como para la producción rural.
“Esto nos tiene que encender la alarma”, resumió el investigador al referirse a un problema que, lejos de estabilizarse, continúa expandiéndose en distintos sectores de la provincia.