En declaraciones realizadas por FM Origen, Garófalo explicó que la actividad enfrenta una combinación de factores que golpean directamente a las empresas: la fuerte caída de la demanda, el ingreso de productos importados, la pérdida de competitividad y un escenario de incertidumbre jurídica que complica todavía más la continuidad de las compañías.
El empresario señaló que el achicamiento registrado durante los últimos años fue muy fuerte y que el impacto también se trasladó directamente al empleo. El padrón de trabajadores textiles se redujo considerablemente como consecuencia del cierre de fábricas y de la disminución de la producción.
Garófalo recordó que, en otro momento, las empresas confeccionistas del sector llegaron a concentrar alrededor de 950 trabajadores, mientras que actualmente la cantidad de empleados es sensiblemente menor y se encuentra distribuida entre las pocas plantas que todavía permanecen funcionando.
“Cerraron más de la mitad de las empresas”, reconoció el presidente de CAFIN al describir la dimensión del retroceso industrial que experimentó Tierra del Fuego.
Según explicó, las compañías que todavía continúan produciendo “la están peleando” para sostenerse abiertas, incluso en algunos casos trabajando con déficit y esperando que aparezcan condiciones que permitan recuperar niveles de actividad.
Uno de los principales problemas es la retracción del consumo. Garófalo sostuvo que productos elaborados en la provincia, como acolchados, sábanas y otras manufacturas textiles, chocan contra una demanda interna muy debilitada y una competencia creciente de mercadería proveniente del exterior.
A esta situación se suma el conflicto vinculado al régimen de promoción industrial y las decisiones adoptadas a nivel nacional respecto de determinadas empresas textiles, algunas de las cuales continúan operando amparadas por medidas judiciales.
Para CAFIN, cualquier proceso de transformación que necesite atravesar el sector debería realizarse “con las empresas adentro”, evitando que una eventual reconversión termine provocando nuevos cierres y más pérdida de puestos laborales.
“Si hay necesidad de una reconversión, que se haga, pero con las empresas adentro”, planteó Garófalo.
El dirigente empresarial también reconoció que hubo otras crisis a lo largo de la historia industrial fueguina, aunque remarcó que el actual escenario adquiere una gravedad particular porque el entramado productivo ya venía profundamente achicado antes de este nuevo deterioro.
En ese sentido, sostuvo que dentro de un panorama industrial que ya se había reducido considerablemente, el sector textil volvió a sufrir una nueva contracción, dejando cada vez menos fábricas y menos trabajadores.
Desde CAFIN continúan buscando abrir una instancia de diálogo con el Gobierno nacional para encontrar alternativas que permitan sostener la producción. Sin embargo, Garófalo admitió que la falta de respuestas concretas y el paso del tiempo generan cada vez mayor preocupación entre las empresas que todavía resisten.
El panorama expuesto muestra así una de las caras más delicadas de la crisis industrial fueguina: de once plantas textiles quedan solamente cuatro, mientras el empleo continúa retrocediendo y las empresas sobrevivientes intentan sostener la actividad en medio de una demanda deprimida y fuertes dificultades para competir.