La recuperación del consumo sigue sin llegar a los hogares argentinos. Los nuevos números publicados por el INDEC volvieron a mostrar en julio una economía en la que las familias continúan restringiendo sus compras, especialmente en los canales vinculados al consumo cotidiano.
Las ventas reales en los supermercados cayeron 2,1% respecto de julio de 2025 y 0,7% frente a junio. Con este resultado, las grandes cadenas acumularon siete meses consecutivos de retrocesos interanuales y cerraron los primeros siete meses del año con una contracción del 2,7%.
La secuencia muestra la persistencia del problema. Según los registros del INDEC, las ventas de supermercados cayeron interanualmente 1,2% en enero, 3,1% en febrero, 5,1% en marzo, 3,7% en abril, 0,7% en mayo, 3,1% en junio y otro 2,1% en julio. En ninguno de los primeros siete meses de 2026 consiguieron superar el nivel del mismo período del año anterior.
Hay otro número que ayuda a dimensionar lo que sucede puertas adentro de los hogares: la tarjeta de crédito representó el 41,9% de todas las ventas realizadas en supermercados durante julio, convirtiéndose ampliamente en el principal medio de pago.
El débito explicó el 25,9%, el efectivo apenas el 16,6% y otros mecanismos —entre ellos transferencias y pagos digitales— otro 15,6%.
El dato no permite concluir por sí solo que todas esas compras sean financiadas o que respondan a endeudamiento familiar, porque una compra con tarjeta puede cancelarse íntegramente al vencimiento. Pero sí muestra el peso extraordinario que adquirió el crédito como instrumento para afrontar compras habituales.
El ticket promedio de supermercado llegó a $34.981, un 16,5% más que un año atrás.
El escenario se repite en los autoservicios mayoristas, otro canal particularmente sensible al comportamiento de las familias y los pequeños comercios.
En julio, sus ventas reales estuvieron 1,1% por debajo de igual mes de 2025 y acumularon una caída del 2,7% durante los primeros siete meses del año. Hubo una mejora mensual del 1,2% respecto de junio, pero todavía insuficiente para revertir el resultado interanual.
La fotografía resulta especialmente significativa porque supermercados y mayoristas están directamente vinculados con productos esenciales: alimentos, bebidas, artículos de limpieza e higiene y otros bienes que forman parte del gasto cotidiano.
Los centros comerciales mostraron una realidad diferente durante julio.
Las ventas reales crecieron 1,9% interanual y 0,5% respecto de junio, convirtiéndose en el único de los tres canales relevados que terminó el mes con crecimiento frente al año anterior.
Sin embargo, incluso allí aparece una señal de cautela: en los primeros siete meses de 2026 las ventas de los shoppings todavía acumularon una caída del 2% respecto del mismo período de 2025.
Por eso, el repunte puntual no alcanza para hablar de una recuperación generalizada del consumo.
Los números de julio se suman a otras señales recientes sobre la debilidad del mercado interno. En agosto, las ventas minoristas de las pymes volvieron a caer: retrocedieron 2,7% frente a julio y acumularon una baja del 2,4% durante 2026, según el relevamiento de CAME.
También el consumo masivo medido por la consultora Scentia mostró en agosto una caída del 1,5% interanual y 0,7% mensual, acumulando un retroceso del 2,7% en lo que va del año.
Los distintos indicadores no miden exactamente lo mismo, pero confluyen en una señal: la recuperación del consumo sigue sin consolidarse.
Y probablemente allí esté uno de los datos económicos más sensibles para cualquier familia. La desaceleración de la inflación puede ordenar variables macroeconómicas, pero eso no implica automáticamente una recuperación del poder de compra.
Los números oficiales muestran que en 2026 los supermercados todavía no consiguieron registrar un solo mes de crecimiento interanual.
Siete meses consecutivos de caída, mayoristas todavía en terreno negativo y casi cuatro de cada diez pesos gastados en supermercados canalizados mediante tarjeta de crédito describen una economía en la que el consumo cotidiano continúa siendo uno de los principales puntos débiles.
La crisis del consumo ya no necesita demasiadas interpretaciones: se observa directamente en las góndolas, en el tamaño del changuito y en la forma en que los argentinos tienen que pagarlo.