La frágil situación del sistema eléctrico de Ushuaia vuelve a encender todas las alarmas. La necesidad de avanzar con una intervención de fondo sobre la turbina Rolls-Royce, principal equipo de generación de la Central Termoeléctrica, plantea una pregunta que hasta ahora no tiene una respuesta oficial: ¿podrá la ciudad sostener su demanda mientras la máquina permanezca fuera de servicio o deberá convivir durante varias semanas con cortes programados?
La preocupación no surge de una hipótesis aislada.
En abril, el propio Gobierno provincial informó que se encontraba gestionando componentes para intervenir la Rolls-Royce mientras avanzaba con el mantenimiento mayor de las turbinas Solar. La ministra de Energía, Gabriela Castillo, sostuvo entonces que la prioridad era realizar las reparaciones sin comprometer el abastecimiento y que la carga del sistema sería evaluada diariamente.
Cinco meses después, la incertidumbre continúa.
El 18 de julio, una falla en la Rolls-Royce dejó fuera de servicio al principal equipo de generación de Ushuaia y provocó un apagón de gran magnitud en medio de temperaturas cercanas a los 10 grados bajo cero.
La propia DPE confirmó entonces que la contingencia en esa turbina había interrumpido el suministro de los sectores abastecidos desde la usina principal y que sólo permanecían con servicio aquellos alimentados directamente desde la central auxiliar ubicada en Vialidad Provincial.
Menos de un mes después hubo otra señal.
El 10 de agosto, la DPE programó un corte de aproximadamente cuatro horas específicamente para realizar mantenimiento preventivo sobre la Rolls-Royce. La interrupción alcanzó numerosos barrios y también una parte importante de la zona industrial, incluyendo plantas de Newsan, Noblex, Electronic System, Pesantar, Hilandería Fueguina e IPASA, entre otras.
Es decir, Ushuaia ya comprobó en los hechos que intervenir este equipo puede tener consecuencias directas sobre el abastecimiento de la ciudad.
Ahora el escenario podría ser considerablemente más complejo.
La información que circula en ámbitos vinculados al sistema energético indica que la Rolls-Royce necesitaría una intervención integral, que obligaría a mantenerla fuera de funcionamiento durante un período prolongado.
Incluso se habla de trabajos que podrían extenderse durante aproximadamente 45 días.
Sin embargo, hasta este momento la DPE y el Gobierno provincial no han comunicado oficialmente un plazo de 45 días, tampoco anunciaron un esquema de cortes diarios durante ese período ni precisaron cuál será la capacidad efectiva de generación disponible mientras la Rolls-Royce permanezca detenida.
Esa ausencia de información resulta especialmente relevante ante la magnitud de lo que está en juego.
La pregunta central es sencilla: ¿alcanzarán las turbinas restantes y los equipos auxiliares para cubrir la demanda completa de Ushuaia?
Si la respuesta es negativa, la ciudad podría necesitar nuevamente un esquema de administración de carga, con interrupciones rotativas destinadas a equilibrar la energía disponible con el consumo.
No sería un escenario desconocido.
A comienzos de septiembre, ante inconvenientes en los generadores de la Central Eléctrica, la DPE implementó cortes programados teniendo en cuenta los picos de consumo. En algunos sectores las interrupciones fueron previstas entre las 17 y las 22 horas.
Durante ese mismo mes hubo además nuevas interrupciones por mantenimiento de infraestructura eléctrica. El último domingo, por ejemplo, distintos sectores permanecieron incluidos en un corte programado entre las 8:15 y las 13 horas.
La sucesión de episodios muestra un sistema con escaso margen ante cualquier contingencia importante.
Pero una eventual restricción prolongada no afectaría solamente la vida cotidiana de los vecinos.
Ushuaia concentra una parte importante de la producción industrial fueguina y una fábrica no puede sostener normalmente sus líneas si debe enfrentar interrupciones eléctricas frecuentes de varias horas.
El antecedente de agosto ya lo demostró: cuando fue necesario detener el servicio para intervenir la Rolls-Royce, el corte alcanzó directamente al parque industrial.
Una situación semejante sostenida durante semanas obligaría a las empresas a reorganizar turnos, modificar horarios productivos o buscar generación alternativa. También tendría consecuencias para supermercados, hoteles, comercios, gastronomía y servicios que dependen de un suministro estable.
Por eso resulta fundamental conocer anticipadamente cómo piensa administrar la DPE la salida de funcionamiento de su principal turbina.
A pocos días de comenzar octubre, todavía faltan precisiones públicas sobre cuestiones elementales: cuándo comenzaría la reparación integral de la Rolls-Royce, cuánto tiempo permanecerá detenida, qué potencia quedará disponible, qué generación de respaldo podrá incorporarse y si será necesario establecer un cronograma de cortes rotativos.
También falta conocer qué tratamiento tendría la zona industrial ante una eventual administración de la demanda.
No se trata de generar alarma. Se trata de contar con previsibilidad frente a una intervención que puede comprometer al equipo más importante del sistema eléctrico de la capital provincial.
El Gobierno había asegurado en abril que buscaba intervenir las turbinas sin poner en riesgo el suministro. La situación acumulada durante los meses siguientes —fallas, apagones, mantenimientos y cortes programados— vuelve ahora mucho más urgente conocer cómo se realizará la reparación pendiente de la Rolls-Royce.
Ushuaia necesita saber antes de que la turbina se detenga cuánto tiempo durarán los trabajos y, fundamentalmente, si durante esas semanas habrá energía suficiente para todos.
Porque si la generación alternativa no logra cubrir la demanda, la discusión dejará de ser exclusivamente técnica: la capital fueguina podría enfrentar varias semanas organizando su vida cotidiana, comercial e industrial alrededor de cortes programados de electricidad.