La tarjeta de crédito para comprar alimentos. Un préstamo para pagar otro préstamo. Una billetera virtual para completar una factura. El alquiler que queda pendiente mientras se prioriza la comida. Y un nuevo mes que comienza con parte del sueldo ya comprometido por las deudas del anterior.
Esa secuencia está dejando de ser excepcional para convertirse en una de las principales señales de fragilidad económica de los hogares argentinos.
Los últimos estudios sobre ingresos, crédito y morosidad coinciden en un punto: cada vez más familias utilizan la deuda no para comprar algo que no podrían pagar al contado, sino para cubrir aquello que necesitan para vivir hasta fin de mes.
El último Monitor de Opinión Pública de Zentrix puso números concretos a esa realidad.
Entre los menores de 40 años, el 72% declaró quedarse sin ingresos disponibles a más tardar el día 20 del mes. Apenas el 3% consigue ahorrar y el 60,9% debió endeudarse durante los últimos seis meses.
Es importante diferenciar los datos: no significa que el 72% esté necesariamente endeudado. El relevamiento señala que 72% agota sus ingresos antes de terminar el mes y 60,9% tomó deuda.
En el conjunto de los encuestados, el panorama tampoco resulta mucho mejor: 56,2% contrajo algún tipo de deuda durante los últimos seis meses y solamente 9,8% logra llegar a fin de mes y además ahorrar.
La expresión “no llegar a fin de mes” encuentra allí una explicación concreta: el sueldo termina, pero las obligaciones continúan.
Y la diferencia se cubre con crédito.
Probablemente el dato que mejor describe el cambio en la economía familiar sea el destino del endeudamiento.
Entre quienes tomaron deuda, 55,1% lo hizo para pagar alimentos y gastos de salud, mientras otro 21,3% necesitó financiamiento para tarifas y servicios.
Sólo el 11,8% utilizó el crédito para adquirir bienes durables.
En otras palabras, para una proporción importante de hogares el crédito dejó de adelantar consumo futuro y empezó a completar ingresos presentes.
El problema aparece al mes siguiente: aquello que se pidió prestado para llegar al día 30 debe comenzar a pagarse con el próximo salario, que arranca entonces con menos dinero disponible.
Así puede comenzar una rueda difícil de detener: el ingreso no alcanza, aparece una deuda, la cuota reduce el ingreso siguiente y esa reducción obliga a tomar una nueva deuda.
La brecha social es contundente.
Dentro del segmento de menores ingresos relevado por Zentrix, 83,3% agota sus recursos antes del día 20, apenas 0,9% logra ahorrar y el 68,1% tomó deuda.
Entre esos hogares endeudados, el 65,5% utilizó el crédito para necesidades básicas. Zentrix Consultora
La clase media tampoco queda afuera: 51,4% no llega con ingresos disponibles hasta finalizar el mes y 47,1% se endeudó. En ese segmento aparece además con fuerza el peso de tarifas y servicios: el 29% de quienes tomaron crédito lo hicieron principalmente para cubrir esos gastos. Zentrix Consultora
El Banco Central aporta otra pieza para entender la dimensión del problema.
En agosto, la irregularidad de las financiaciones bancarias a las familias se ubicó en 12,81%. Aunque representó una ligera mejora respecto de julio, cuando había alcanzado 12,9%, continúa en niveles elevados.
Y una medición más amplia realizada por la Universidad Austral junto con EcoGo, que incorpora también proveedores no financieros de crédito, muestra una situación todavía más delicada.
En agosto, el 26,6% de los deudores tenía alguna obligación en mora y el 18% del monto total adeudado estaba atrasado.
En el sistema no financiero —donde aparecen prestamistas, proveedores de crédito y distintas alternativas por fuera de los bancos tradicionales— la mora alcanzó el 31,3%.
Los porcentajes no deben compararse directamente con el 12,81% del Banco Central porque miden universos y conceptos diferentes, pero juntos muestran el mismo fenómeno: una porción creciente de los hogares encuentra dificultades para devolver aquello que tomó prestado.
Además existe un universo que muchas estadísticas financieras tradicionales no alcanzan a reflejar completamente.
Un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), realizado sobre 4.200 casos en todo el país, estimó que el 92,3% de los hogares consultados tenía algún tipo de deuda en agosto.
La definición utilizada es amplia: incluye tarjetas y préstamos, pero también alquileres atrasados, fiado en comercios, impuestos, expensas, servicios, educación y préstamos familiares.
El mismo trabajo detectó otro cambio preocupante: 28,4% de los hogares endeudados acumulaba más de tres deudas, cuando en mayo de 2025 esa proporción era del 12%. Además, el 44% destinaba más de la mitad de sus ingresos al pago de obligaciones.
Se trata de un estudio privado y su metodología es distinta de las estadísticas oficiales del BCRA, por lo que sus cifras deben leerse dentro de ese marco. Pero permite visualizar compromisos financieros que no siempre aparecen en la Central de Deudores.
El problema ya llegó al Congreso.
Diputados tenía esta semana distintos proyectos destinados a abordar el sobreendeudamiento familiar, con propuestas que iban desde mayores reglas para el otorgamiento de créditos hasta sistemas de refinanciación y protección para personas con dificultades de pago.
Sin embargo, durante la madrugada de este jueves, una moción para devolver el expediente a comisión se aprobó por 121 votos contra 117 y cinco abstenciones.
El debate, otra vez, quedó pendiente.
La Cámara tiene actualmente numerosos proyectos vinculados con desendeudamiento, reestructuración patrimonial, morosidad y protección frente a mecanismos abusivos de cobranza.
La discusión sobre endeudamiento ya no puede reducirse simplemente a cuántas personas tienen una tarjeta o un préstamo.
La pregunta central es para qué se están endeudando y si todavía pueden pagar esas deudas.
Cuando el crédito financia un electrodoméstico, un automóvil o una mejora del hogar, cumple una función tradicional: adelantar consumo.
Cuando financia comida, medicamentos, luz, gas o los últimos diez días del mes, la señal económica es completamente diferente.
Los números de 2026 empiezan a describir precisamente esa situación: ingresos que duran menos, capacidad de ahorro casi inexistente en amplios sectores, más hogares recurriendo al crédito y una morosidad que permanece en niveles elevados.
Para millones de argentinos, la deuda ya no aparece después del consumo.
La deuda es lo que permite seguir consumiendo cuando el sueldo ya se terminó.