La falta de clientes y los recortes de personal profundizan la preocupación entre los trabajadores mercantiles de Río Grande. Detrás de las vidrieras, la actividad cotidiana está atravesada por una incertidumbre que va más allá de cuánto se vende: los empleados también temen que una nueva reducción de personal los deje sin trabajo.
En declaraciones a TV Pública Fueguina, Daniel Rivarola explicó que el gremio observa las consecuencias de la retracción comercial a través de lo que sucede diariamente en los establecimientos y de los testimonios de sus propios afiliados.
“No tenemos cifras nosotros de cuál es la caída real en porcentaje, pero sí lo podemos ver por la cantidad de gente que no entra a los negocios”, señaló. La aclaración distingue el diagnóstico del sindicato de una medición estadística, aunque describe una situación que los empleados perciben durante sus jornadas laborales.
Según relató, hay franjas horarias en las que la escasa presencia de compradores lleva a los trabajadores a dedicar el tiempo a limpiar, ordenar o acomodar las vidrieras. Incluso cuando el buen tiempo favorece la circulación de personas, ese movimiento no necesariamente se refleja en las ventas. Puede haber gente caminando por la ciudad y, al mismo tiempo, locales con muy pocos clientes.
Ese escenario tiene consecuencias sobre el empleo. “La situación en general es de incertidumbre”, expresó Rivarola, al describir la preocupación de quienes concurren a trabajar sin saber si podrían quedar alcanzados por un achique.
El dirigente indicó que las dificultades atraviesan distintos formatos comerciales: desde negocios pequeños, entre los que mencionó casos de cierre, hasta supermercados y mayoristas donde también se producen despidos. Vinculó esas decisiones con la retracción de la actividad y explicó que las empresas evalúan costos, cantidad de clientes, tickets y horarios antes de reducir sus planteles.
En ese punto, planteó uno de los cuestionamientos centrales de su diagnóstico: el ajuste de los comercios comienza por los trabajadores, que quedan expuestos a perder su ingreso cuando las ventas no alcanzan para sostener la estructura del negocio.
Rivarola señaló que el problema se repite en otras ciudades del país, de acuerdo con los intercambios que mantienen dentro de la federación mercantil. Sin embargo, remarcó que Río Grande enfrenta dificultades particulares por su fuerte dependencia de la actividad industrial.
“Somos industriales dependientes”, sostuvo. Para explicar esa diferencia, mencionó que Ushuaia cuenta con el turismo como otra fuente de generación de empleo, mientras que el deterioro de las fábricas riograndenses reduce las posibilidades de consumo y repercute directamente sobre los comercios.
El dirigente vinculó la recuperación comercial con la necesidad de reconstruir la producción nacional y reclamó un cambio en las políticas del Gobierno nacional. Desde su perspectiva, las herramientas del sindicato para modificar ese escenario son limitadas porque el problema excede a cada establecimiento y a la propia provincia.
“Sin mano de obra nacional, sin producción, no hay consumo, y si no hay consumo, no tenemos empleo”, advirtió. Su planteo apunta a una cadena que conecta la actividad de las fábricas con las ventas de los negocios y la continuidad laboral de los mercantiles: mientras ese circuito siga deteriorándose, la incertidumbre continuará detrás de cada mostrador.