La democracia tuvo muchos defensores de palabra y poca práctica de escucha durante el cruce entre Federico Sciurano y Horacio Catena en la Legislatura provincial. Este martes, mientras se debate el financiamiento educativo, ambos terminaron envueltos en un intercambio a los gritos sobre representación, votos y respeto a la oposición.
El episodio se produjo cuando Catena interrumpió con gritos la exposición de la legisladora Natalia Gracianía. Sciurano intervino y la discusión escaló hasta desplazar el contenido del proyecto por una pelea sobre quién tenía legitimidad para decir qué.
“La democracia se trata también de bancar a la oposición”, expresó el legislador de FORJA. Sin embargo, la frase quedó atrapada en una escena de intervenciones superpuestas y reiterados pedidos de respeto.
Se hablaba de democracia, pero escucharse parecía una tarea imposible. Catena interrumpía y Sciurano se enganchaba en un enfrentamiento que poco aportaba a resolver las necesidades del sistema educativo.
El cruce de hoy tuvo como antecedente inmediato una decisión tomada ayer. El lunes 2 de noviembre, Sciurano acompañó la quita del trámite de urgencia al proyecto, a diferencia de lo que había votado el 1 de octubre, cuando no respaldó retirar ese mecanismo.
El legislador explicó su nueva postura por su desacuerdo con la redacción del dictamen. Esa fue su justificación, pero el recorrido también debe quedar claro: primero sostuvo la urgencia y después votó para levantarla. Entre una posición y otra hubo un giro concreto, con consecuencias sobre el tratamiento de la iniciativa.
El camaleón Sciurano volvió a cambiar de color frente al mismo expediente. Esta vez, el giro le salió caro en términos de imagen: al cambio de voto del lunes le siguió este martes una discusión en la que terminó a los gritos. Para un dirigente acostumbrado a encontrar cómo caer parado, la postal fue bastante menos prolija.
Quitar la urgencia no equivale a rechazar el proyecto, que hoy continúa en debate. Pero sí retira el mecanismo que podía permitir su aprobación por el vencimiento del plazo constitucional. Por eso, acompañar esa decisión no fue un movimiento menor ni un simple trámite.
Del otro lado, Catena tampoco puede presentar los gritos como una defensa suficiente de la educación pública. Reclamar financiamiento, salarios e infraestructura no habilita a pasar por encima de una exposición. La gravedad de la situación educativa exige argumentos y respuestas; las interrupciones contribuyen a convertir esa discusión en una disputa personal.
Ni el cambio de posición de Sciurano desaparece detrás de una lección de democracia, ni la conducta de Catena queda justificada por la legitimidad del reclamo docente. Uno debe explicar su voto; el otro, hacerse cargo de cómo interviene.
Mientras tanto, docentes, estudiantes y familias siguen esperando definiciones. En el recinto hubo volumen de sobra, pero ningún grito reemplaza los recursos, la planificación y las decisiones que necesitan las escuelas.
Guarda la presión, muchachos. Para hablar de democracia también hay que dejar hablar.